martes, 30 de junio de 2009

1 DE JULIO DE 1974: MUERE EL GENERAL JUAN DOMINGO PERÓN



REQUIEM PARA JUAN DOMINGO PERÓN
por José María Castiñeira de Dios


La noche tiene el peso de una lágrima inmensa
y el color de una pena que jamás conocimos.
Hemos quedado en medio de esta muerte
como niños perdidos Dios sabe en qué caminos.

La pena nos hermana; y al mirarnos los ojos
vemos en otros ojos un dolor compartido.
Bajo el aire cruzado de la noche y la lluvia,
se acongoja en los rostros una angustia sin gritos.

Es como si de pronto, bajo el arco del cielo,
la Patria se nos fuera muriendo entre los cirios.
Todo el dolor del mundo se arrodilla en nosotros
en esta noche oscura del destino argentino.

Hierático en la muerte, como no lo fue en vida,
contemple, General, un dolor sin consuelo.
Esta ha de ser la gloria que Dios brinda a los justos,
merecer en la tierra las lágrimas del Pueblo.

¿Acaso no supimos que su muerte
sería como un tajo implacable,partiendo en dos el tiempo?
¿O, tal vez, no quisimos pensar en este instante
para cerrar los ojos al designio del Cielo?

¿O, quizás, no creímos que Dios lo llevaría
así desencarnado, como nos fue devuelto?
En la noche enlutada tan sólo nos responden,
con su idioma cifrado, los llantos y el silencio.

Aquí están, nuevamente, las antorchas de octubre
quemándose en el llanto de los descamisados.
Y los héroes del Pueblo, mártires de su causa,
vigías imperiosos de su claro mandato.

Y están quienes negaron su divisa y su empresa;
y están quienes cercaron su exilio solitario.
Reunidos por la muerte, juntos
y en una misma soledad hermanados.

¿Cuántos seremos dignos de su vida y su muerte?
¿Cuántos seremos fieles a este sueño truncado?
La Patria está expectante, como recién nacida,
y el destino la mira con sus ojos llagados.

Más allá de su muerte, la Patria es una espera
desbordante de enigmas y de augurios preñada.
Más allá de su vida, la Patria es un mandato,
una lucha creciente, una clara esperanza.

¿Qué haremos sin su guía con esta Patria huérfana?
¿Qué haremos sin su rumbo con la Patria acosada?

Si la muerte del padre fortalece a los hijos,
no habrá maldad del mundo que pueda avasallarla.
Estará para siempre coronada de gloria,
más libre en su grandeza, más justa y soberana.

¡Qué Dios nos lo demande si cedemos un paso;
la Patria es la fatiga de una eterna batalla!
Duerma, mi General, en las manos del Cielo
y en este amor unánime del Pueblo que lo llora.

Descanse para siempre, después de tanta lucha,
de exilios, de amarguras y pruebas dolorosas.
Ha llegado la hora de estar solo y alzarse
como un mástil de fuego sobre el haz de la tierra.

Ha llegado el momento de ser, multiplicado,
la causa y el destino de una lucha gloriosa.
Porque fuimos sus fieles, seremos sus custodios,
unidos por la fuerza vital de su memoria.

Porque somos su pueblo, seremos su milicia,
hasta que rompa el alba de la nueva victoria.


JOSÉ MARÍA CASTIÑEIRA DE DIOS

DÍAS DE REFLEXIÓN Y MEMORIA

La restauración conservadora
No fue un rayo en un día de sol
Por Mario Rapoport -
Si bien es cierto que la historia no se repite, hay momentos en que es bueno recordar hechos del pasado que tienen cierto parecido con coyunturas actuales. No por las formas que asumió ni por su desenlace, más bien por hacer un poco de memoria sobre procesos y mecanismos que nos son útiles para entender mejor algunas cuestiones del presente.
En este sentido, un período de nuestra historia que despierta de nuevo el interés de muchos es la época de la restauración conservadora, la década de 1930, pero sobre todo el proceso previo que dio lugar al derrocamiento del presidente Hipólito Yrigoyen, más allá de sus aspectos militares que derivaron en un golpe de Estado. Aquí, la ya célebre frase de Federico Pinedo (“la revolución no llegó como un rayo en pleno día de sol”) cobra todo su sentido. Porque la acción militar, con ser decisiva, no fue el elemento fundamental que provocó la caída del gobierno.
Tampoco es posible atribuir la sola culpa, como muchos lo han hecho, a los errores o a la ineficacia del mismo, a la ya menguada capacidad del presidente, o a los apetitos de poder del círculo cada vez más restringido que lo rodeaba. La crisis económica mundial tuvo una importancia relativa porque sus principales consecuencias no se hicieron sentir de inmediato, aunque constituyó también un argumento esgrimido por los que se oponían al gobierno.
Así, por ejemplo, el editorial del diario La Nación del 1° de septiembre de 1930, poco tiempo antes del golpe del día 6 decía: “(...) Las naciones mejor organizadas sufren actualmente una crisis profunda en su economía. En Gran Bretaña, en Alemania, en los Estados Unidos, la desorganización asume proporciones riesgosas, de una crisis difícilmente soluble, que es la consecuencia de complejos factores de desajuste mundial.
Esos factores repercuten hondamente en la economía argentina, y si a su descuido, a la incomprensión de su trascendencia, a la inactividad para remediar sus graves proyecciones, se mezclan el desquicio político y la ausencia total de administración, de iniciativa, de propulsión en el trabajo y en el desarrollo de la riqueza, no tardaremos en padecer los resultados que conocen los países que se dislocan en la disolución.
Es lo que inquieta al pueblo, que se interesa por algo tan esencial como es la vida del país. La situación acaba por comprometer el nombre argentino en el exterior. Basta ver el juicio de la prensa en el extranjero. Los diarios más autorizados comentan con sorpresa el momento dramático en que ha caído la Nación por el desgobierno y disciernen con acierto sobre sus motivos reales.”
En realidad, el condimento principal, la causa determinante de la caída de Yrigoyen, radicó en la poderosa coalición de intereses económicos y políticos, que ya desde la asunción de su primer mandato, en 1916, y sobre todo desde el momento en que asume por segunda vez, en 1928, volcaron todos sus esfuerzos para desestabilizar al gobierno y crear el clima que facilitara su derrocamiento. Una de las razones era evidente y la diplomacia inglesa la caracterizó muy bien en un informe diplomático de los años ’40: “La experiencia de los gobiernos de Yrigoyen –decía el informe– había convencido a las ‘clases privilegiadas’ de la necesidad de unirse a fin de evitar el peligro comunista que esos gobiernos habían dejado desarrollar, ‘unión’ que pudo concretarse en el golpe militar de 1930”. (Foreign Office A3230/173/2 del 30/3/1942).
Que dicha amenaza existiese o no, realmente poco importa. Lo que interesa es lo que aquellos sectores percibían. Además, las características populares del yrigoyenismo y su mística caudillesca, basada no sólo en la personalidad de su líder sino en la alternativa que ofreció en su momento el nuevo partido político –expresión de nuevas capas sociales– respecto de las fuerzas conservadoras tradicionales, y que la Ley Sáenz Peña hizo posible, no fueron nunca plenamente aceptadas por aquellos a quienes desplazó y menos aún cuando las posibilidades de volver al poder por la vía electoral se fueron haciendo cada vez más remotas.
En realidad, Yrigoyen no afectó en lo esencial las bases del poder de esas fuerzas y en sus gabinetes ministeriales figuraron personajes ligados por diversos vínculos, incluso familiares, a las viejas “élites”. Alvear mismo, el sucesor del “caudillo” en 1922, es un ejemplo de ello. Pero mientras, se pensaba que algunas medidas del gobierno que satisfacían a las élites económicas dominantes –como el Tratado D’Abernon, antecesor por sus características del Pacto Roca-Runciman y firmado en 1929 por Yrigoyen– podían, y se verificó poco después, ser implementadas directamente por una administración conservadora; esos sectores manifestaban, en cambio, una gran preocupación por otras acciones o iniciativas de corte nacionalista, cuya expresión principal fueron las disputas con la Standard Oil y el proyecto de ley de nacionalización del petróleo.
Hoy resulta más claro que la escisión del antipersonalismo y la acción del mismo gobierno alvearista fueron los primeros intentos para quitarle al yrigoyenismo aquellos atributos que se consideraban peligrosos. El desprendimiento del socialismo independiente en el seno del “viejo y glorioso”, como sus dirigentes acostumbraban llamar al partido socialista, contribuyó, por el aporte de sus principales personalidades, de Tomaso y Pinedo, y sus efímeros éxitos electorales, a solidificar la alianza antiyrigoyenista que luego iría a plasmarse plenamente en la “Concordancia”, unión de fuerzas políticas que gobernó el país con Justo, Ortiz y Castillo.
El rol que la prensa, y en especial el popular diario Crítica –“incubadora de los socialistas independientes”, como lo satirizó en su momento Ramón Columba–, fue quizás más significativo de lo que se cree en el proceso de hostigamiento al gobierno y agrupamiento de las fuerzas opositoras: conservadores, radicales antipersonalistas y socialistas independientes. Lo interesante es que a ese juego se prestó también parte de la izquierda e, incluso, sectores internos del mismo yrigoyenismo, sin mencionar al futuro jefe del partido y ex presidente Marcelo T. de Alvear , que en un primer momento, y antes de pasar a la oposición, manifestó su acuerdo con el movimiento militar.
Es cierto que los civiles solos no hubieran podido derrocar a Yrigoyen y el recurso a los militares era un paso obligado. Es cierto también que diversos sectores militares conspiraban por sí mismos. Pero lo principal es que los dos sectores que dentro del ejército participaron en la revolución, el de Uriburu y el de Justo, agrupaban tras de ellos a fuerzas civiles y no hubieran podido triunfar sin ellas.
El golpe de Estado de 1930 no necesitó por ello un gran despliegue militar porque no fue el resultado de una acción fulminante y puntual, sino la culminación de un largo proceso de hostigamiento y “cercamiento” del gobierno de entonces. En él confluyeron, directa o indirectamente, sectores militares y civiles de distinto signo que por diversas razones estaban de acuerdo con la caída de Yrigoyen. Federico Pinedo tuvo aquella vez razón. El cielo amenazaba tormentas desde mucho antes.

miércoles, 24 de junio de 2009



POR EVITA,

POR PERÓN,

POR NUESTRO PUEBLO,

POR NUESTRA PATRIA,

POR LA BANDERA ARGENTINA,

POR NUESTROS HIJOS,

EL 28 DE JUNIO TODOS VOTAMOS LA LISTA 506

PORQUE LOS DÍAS MÁS FELICES SIEMPRE FUERON PERONISTAS Y PORQUE EL FUTURO ES NUESTRO: VAMOS POR MÁS

POR MÁS JUSTICIA SOCIAL, CON DISTRIBUCIÓN ECONÓMICA

POR MAS INDEPENDENCIA ECONÓMICA, SIN FMI Y CON MÁS INTEGRACIÓN DE "NUESTRA AMÉRICA",

POR MÁS SOBERANÍA POLÍTICA, RECONSTRUYENDO EL CAMPO NACIONAL DESDE ABAJO

VOTÁ A KIRCHNER

LISTA 506

sábado, 20 de junio de 2009

20 de junio de 1973: el segundo retorno del General Perón




El General Juan Domingo Perón retorna definitivamente a la Argentina en un multitudinario encuentro con su pueblo.
Pero en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza se suscitan hechos de violencia que obligan a desviar el avión presidencial al Aeropuerto de Morón, por seguridad. Los compañeros de la Juventud Peronista de la región sur son atacados cuando intentan acercarse al palco.

20 DE JUNIO: DÍA DE LA BANDERA NACIONAL


La Bandera.

de Francisco Luis Bernárdez


Éste es el sol y éste es el cielo que en la bandera victoriosa nos hermana.
Éste es el sol que une los cuerpos y éste es el cielo cuyo amor une las almas.
Ambos están sobre nosotros para mostrarnos el camino que no engaña.
Y levantarnos de la tierra con la energía de las cosas sobre humanas.
Su luz nos junta en el recuerdo y al mismo tiempo nos congrega en la esperanza.
Mientras su fuego nos domine seremos libres como el vuelo de sus llamas.
Si alguna vez nos dividimos, quiera el Señor que levantemos la mirada.
Y contemplemos en el cielo celeste y blanco la bandera de la patria.
En su virtud encontraremos aquella fuerza que una vez nos hizo falta.
Y volveremos a estar juntos como los hijos bajo el techo de la casa.
Su limpia historia es la del río que se desborda por amor y fertiliza.
Cruzó desiertos y montañas para calmar la sed de un mundo en sus orillas.
Bajó del cielo de la patria para mostrarnos la razón de nuestra vida.
Para enseñarnos a ser libres como el espacio que en sus pliegues nos traía.
Hombres de ayer la recibieron en la raíz del corazón con alegría.
Y la llevaron en los ojos llenos de fuego y en las manos decididas.
Desde aquel día, su carrera fue la del sol que la besaba y la encendía.
Y que, al pasar sobre los pueblos, los despertaba de la muerte y los unía.
Con su calor fundió cadenas y con su luz abrió las cárceles sombrías.
Donde alumbró se disiparon todas las sombras y empezó la luz del día.
Pero también hubo la noche sin compasión, la noche ciega del fracaso.
La oscuridad de la derrota llenaba el mundo con su voz y con su llanto.
Noche de labios temblorosos, noche de frentes escondidas en las manos.
Noche de gritos reprimidos, noche de dientes y de puños apretados.
Noche final en que la historia ya estaba a punto de volver sobre sus pasos.
Y en que el camino de las horas ya no llevaba al porvenir, sino al pasado.
Pero la patria no moría, porque algo suyo era invencible, sin embargo.
Un resto limpio de bandera se defendía entre la muerte y sobre el caos.
Y era la chispa de otro fuego que despertaba más glorioso que el de antaño.
La roca viva entre las olas y la semilla junto al árbol desplomado.
En torno al resto de bandera, la patria entera en un momento estaba junta.
Todos los vivos que quedaban y hasta los muertos arrancados de las tumbas.
La patria entera convocaba sus energías más remotas y profundas.
Y en un impulso de victoria se derramaba como un mar lleno de furia.
Y reventaban en los pechos que se oponían vanamente a su locura.
En lo más alto de las olas, aquel jirón que iba flotando era la espuma.
Cuando se hundía entre las lanzas era un relámpago perdido entre la lluvia.
Al fin llegaba la victoria, para mecer al pueblo fuerte con su música.
Y aquel jirón se adormecía, vivo y glorioso como nadie y como nunca.
Esta bandera es la bandera que nos congrega en un solar y en una historia.
Esta es el alma de la patria: su voluntad, su entendimiento y su memoria.
Si algo valemos es por ella, que nos agranda con su fuerza generosa.
Y que, después de agigantarnos, nos da el ejemplo soberano de sus obras.
El elemento en que palpita ya no es el aire, sino el viento de la gloria.
Y el resplandor que la ilumina ya no es el sol, sino del Ser que hizo las cosas.
Su luz del cielo nos alumbra, su sombra de árbol nos ampara y nos convoca.
Mientras vivamos en la tierra, seamos dignos de su luz y de su sombra.
Quiera el Señor que la sigamos cuando nos llame como ayer a la victoria.
Y, si la muerte no nos deja, que por nosotros nuestros hijos le respondan.”
(De “Poemas de carne y hueso”, Francisco Luis Bernárdez)

jueves, 18 de junio de 2009

ES PA´ DE ANGELI, SOCIEDAD RURAL Y AFINES

Campaña: Perón le responde a De Ángeli
A esta hora del día es sabido que el demócrata Alfredo De Angeli recomendó: "Yo sé que esto a mucha gente por ahí no le gusta: en el campo hay que juntar a todos los empleados en las estancias, subirlos a la camioneta y decirles claramente a quién hay que votar si no quieren fundirse".Lo que no es sabido es que el visionario, Juan Perón, le respondió a De Angeli en la víspera de la histórica elección del 24 de febrero de 1946 dando un mensaje para los peones de aquel entonces y de la actualidad:
"No concurran a ninguna fiesta a que inviten los patrones el día 23; quédense en casa y el día 24 bien temprano, tomen las medidas para llegar a la mesa en que han de votar. Si el patrón de la estancia, como lo han prometido algunos, cierra la tranquera con candado, ¡rompa el candado o la tranquera, o corte el alambrado y pase a cumplir con la patria!"
¡Quédese tranquilo, Torito, que los peones hace años que aprendieron a votar!
(FUENTE: Extraido de http://www.verboamérica@blogspot.com/)

martes, 16 de junio de 2009

PARA RECORDAR EL 28 DE JUNIO

EL 28 DE JUNIO: PAREMOS A BRADEN

"No debemos olvidar en ningún momento –cualesquiera sean las diferencias de apreciación– que las opciones que nos ofrece la vida política argentina son limitadas. No se trata de optar entre el general Perón y el arcángel San Miguel. Se trata de optar entre el general Perón y Federico Pinedo. Todo lo que socava a Perón, fortalece a Pinedo, en cuanto él simboliza un régimen político y económico de oprobio y un modo de pensar ajeno y opuesto al pensamiento del país”.


Raul Scalabrini Ortiz